Esta tarde he vuelto a mis antiguas y nobles tradiciones y he regresado al pabellón San Pablo a ver al Club baloncesto Cajasol. Hacía casi un año que no iba (la última vez tuvo una incisión terrible en mi vida sentimental, para mal me refiero) y siempre se hace agradable volver.
Yo amo (sí, amo) el baloncesto: Me ha aportado cosas que nadie ha podido darme, le debo muchos alivios y muchas menos depresiones y ralladas de las que podía haber tenido. Adoro el basket y e encanta el caja; pero es increíble como los aficionados estamos movidos por el fanatismo: Arbitrar en baloncesto es un arduo trabajo lleno de fallos e interpretaciones, es normal equivocarse. Lo que no es bonito de ver a mi parecer es cómo el público del pabellón recriminaba a los colegiados cosas sin sentido alguno y que estoy seguro que pedían por pedir...Es increíble como el fanatismo ciega a los hombres y les lleva a la parcialidad.
Por cierto, el caja ganó
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