Viernes. 6 de la tarde. Acabo de salir de mi cita bimensual con Triana. Me encuentro paseando tranquilamente, cruzando el puente de San Telmo camino a casa cuando de repente algo se apodera de mi. Son fantasmas: Mis fantasmas, los fantamas del pasado, los del presente, los de lo vivido y los de los errores cometidos. Esos fantasmas invaden mi cabeza y van destruyendo mi defensa de seguridad que más que una muralla es una empalizada.
Y empiezo a sentir esa sensación que me invade siempre que pierdo la batalla contra ellos: Asco. El asco me domina: Veo pasar a tres niñas de 14 años, plena niñez: Minifaldas, tacones que destrozan sus enrojecidos pies, grititos y risitas, delgadez extrema de una infancia que ya han perdido.
Asco.
El ayuntamiento, jóvenes engominados y chicas encorsetadas, dinero, sonrisas de plástico, saludos cordiales, miradas con desprecio escondido, complejo de superioridad, ego,ego,ego: Falsedad.
Asco.
Una parejita anda por la calle. Cogidos de la mano embelesados no se dan cuenta de que dan de lado a un amigo: El amor como destructor de amistados, el amor sin control: Eros, que pierde a las personas y las vuelve egoistas y obcecadas.
Asco.
Tetuán: Tienda, música, falsos chollos, anzuelos, intentos de captar pardillos, fameros despreocupados, indigentes, ONG que creen que pueden ayudar y no se dan cuenta de que no sirve para nada.
Asco.
Tras este ataque de asco cogí el bus y me fuí a casa, a mi habitación, donde nada más llegar mis fantasmas se fueron para ahogarse en el río.
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Afortunados son a los que Eros pierde.
ResponderEliminara veces me gustaria encontrar el camino de la filia querido Laín
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarFunciona al revés. Suele darse que el camino te encuentra a ti.
ResponderEliminarPerdón por el comentario en blanco de arriba, no controlo esto.
Soy Angie.